Una nueva relación con el ambiente

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Artículo escrito por Alejandro Legorreta

Empecemos por una realidad, querido lector: pareciera que Yucatán se pone año con año más caliente. Hace unos cuantos días logramos una temperatura máxima en abril de 40 grados, que si bien puede no ser tan caluroso a comparación de otras partes del país, el hecho es que está lejos de nuestra temperatura promedio estatal, de 26 grados, e incluso de nuestro máximo promedio, de 36 grados. De hecho, el año pasado por estas fechas, recuerdo haber visto en el termómetro de mi coche una temperatura de 43 grados, todo un récord mensual.

No son hechos aislados. Un boletín reciente del Servicio Metereológico Nacional revela que, durante el mes de abril,  en 11 de los 32 estados del país hubo temperaturas superiores a los 40 grados Celsius. Así mismo, es bien sabido que 2015 fue el año más caluroso en el mundo desde que se tiene registros de temperaturas y se espera que 2016 lo supere.

El cambio climático se ha vuelto prácticamente una realidad. Si bien hace unos cuantos años todavía se discutían sus efectos, hoy es claro que nuestro planeta está en proceso de transformación. Todo ello llevará a cambios drásticos en la manera en la que interactuamos con el planeta: en muchas partes habrá sequías, en otras inundaciones, desaparecerán muchas especies y el clima se volverá, en general, mucho más inestable.

Yucatán no es la excepción. De acuerdo a las proyecciones del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, para 2020 Yucatán habrá incrementado su temperatura entre 0.8 y 1.2 grados; para 2050 y 2080 estas cifras se duplicarán y triplicarán respectivamente. Podrán parecer cifras menores y poco importantes, puesto que a “nosotros”, los que vivimos en el presente, ya no nos tocará vivir con las consecuencias del cambio climático. Pero las cosas cambian si pensamos que a nuestros hijos e hijas les tocará vivir gran parte de las repercusiones de las cosas que no hemos hecho hoy. ¡Imagínense el calvario que les vamos a heredar, con abriles de casi 50 grados!

De acuerdo al Programa Especial de Acción ante el Cambio Climático del Estado de Yucatán, entre 2010 y 2039, los sectores económicos sociales y ambientales donde se presentan mayor vulnerabilidad a los impactos del cambio climático son el sector del agua, la biodiversidad y las zonas costeras. Sin embargo, en el horizonte de 2040-2069 casi todos los sectores están en un grado de vulnerabilidad media o alta, así que en un futuro no importará si se es campesino, pescador, empresario o estudiante, todos enfrentaremos las consecuencias del cambio climático.

Ante estos riesgos, los tres niveles de gobierno instalaron el año pasado una Comisión Regional de Cambio Climático en Mérida, para encontrar soluciones que ayuden a mitigar los efectos del cambio climático. En suma, se enarbolaron tres grandes proyectos: una estrategia para adaptación al cambio climático para Yucatán, un Programa de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal y la creación de un Fondo para la Acción Climática en la península.

Pero esta columna no tiene por interés hablar de las acciones de los niveles de gobierno responsables de las políticas ambientales. Por el contrario, esta columna tiene dos objetivos concretos. El primero, que usted, querido lector, concuerde conmigo en la importancia de que nos dejemos de hacer de la vista gorda en torno a las problemáticas ambientales y reconozcamos que muy probablemente le heredaremos a nuestros hijos un problema mayúsculo. El segundo, que pensemos en formas en las que cada quien, en su vida cotidiana, podamos contribuir a disminuir nuestros niveles de emisiones contaminantes al mundo.

La organización ecologista Word Wildlife Fund, mejor conocida como WWF, da un par de consejos para reducir la huella de carbono que cada uno de nosotros deja en el ambiente. Las recomendaciones pueden ser resumidas en tres grandes ramas: primero, reduzcamos nuestras emisiones de dióxido de carbono; segundo, consumamos productos que sean más sustentables para el ambiente; y finalmente, reduzcamos, reusemos y reciclemos lo más posible nuestros productos domésticos.

En pocas palabras, todos podemos encontrar una forma de interactuar con el planeta que nos permita tener una vida equilibrada con el mismo sin necesidad de irnos a vivir a la selva y plantar nuestras propias zanahorias. Por ejemplo, con tan solo cambiar la forma en la que consumimos aceite de palma podemos disminuir nuestro impacto ambiental. Éste se encuentra en la mitad de los productos que consumimos en el súper, como en el shampoo, el helado o la margarina; los últimos años su oferta ha crecido exponencialmente para cubrir la cada vez más alta demanda del mismo. Desafortunadamente, ese crecimiento ha venido acompañado de la deforestación de los bosques tropicales en el mundo.

Pero la solución no se encuentra en dejar de comprar aceite de palma sino en consumir un tipo de aceite de palma que sea más amable con el ambiente. Para esto se encuentran los productos RSPO (Roundtable on Sustainable Palm Oil),  que sirven como sello de calidad para que los consumidores puedan distinguir qué productos que contienen aceite de palma son menos dañinos para el ambiente.

Así como podemos consumir productos más amables con el ambiente, podemos llevar a cabo pequeñas acciones que, en lo colectivo, pueden llevarnos a tener una relación más armónica con el planeta. En lugar de ir al supermercado y llevarnos nuestras compras en bolsas de plástico, podemos hacerlo con bolsas de tela. Podemos comprar focos ahorradores de energía en vez de los focos tradicionales. Podemos consumir productos locales en vez de productos importados, puesto que su traslado es costoso para el ambiente. Podemos usar menos el coche y más transporte alternativo. También podemos disminuir nuestro consumo de carne de res, que es la más costosa ambientalmente, ¡especialmente cuando tenemos tan buenos mariscos en el estado!

En fin, hay un enorme abanico de acciones que podemos tomar todos, tanto gobierno como sociedad, para reducir nuestro impacto ambiental. Parece que los tres niveles de gobierno, federal, estatal y el municipal de Mérida ya están tomando cartas en el asunto, sin embargo, hay que acelerar el paso. Al respecto, los que me conocen sabrán que mi principal propuesta se puede resumir de manera sencilla: ¡necesitamos plantar árboles, árboles y más árboles!

Pero igualmente es importante que nosotros, como consumidores y como personas responsables, sepamos cómo disminuir nuestro impacto al medio ambiente. Si logramos cambiar poco a poco la manera en la que nos relacionamos con los productos y recursos que consumimos, quizá logremos disminuir el impacto que nuestra civilización le genera al planeta. Y así también, puede que los días calurosos en nuestra querida Yucatán regresen a la media y dejen de sentirse como si estuviéramos en Bagdad. Recordemos que solo tenemos un planeta, hay que aprender a cuidarlo.

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En menos de 140 caracteres: Si todos los usuarios de Facebook se bañaran un minuto menos, se ahorraría suficiente agua para llenar más de 1 millón de albercas olímpicas

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