Sisal, mi amigo y la calle que le quisieron vender

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Artículo escrito por Alejandro Legorreta
Publicado en el Diario de Yucatán el 1 de diciembre de 2015.

 

Sisal es uno de mis rincones favoritos de Yucatán. La cadencia de sus olas, la generosidad de sus playas y la exuberancia de sus manglares me hacen volver con gran frecuencia para descansar y comer un buen coctel de pulpo acompañado de mi esposa, mis hijas y buenos amigos.

Hace algunos años tuve el privilegio de compartir este puerto mágico con un buen amigo del Distrito Federal. Para mi sorpresa (o quizá no tanto), el encuentro entre mi amigo y Sisal fue “amor a primera vista”. Como si hubiera escuchado el canto seductor de Xtabay, mi amigo no pensó dos veces en tomar sus ahorros y comprar un terreno cerca a la orilla del mar. Quería construirse una casita para descansar, desconectarse del ajetreo defeño y pasar los veranos con su familia.

Lo animé y le recomendé un corredor de bienes raíces especialista en la zona. Tres meses después firmó las escrituras y, con su esposa, empezó a imaginar su casita. Una estancia amplia para que sople la refrescante brisa del mar, dos recámaras repletas de almohadas de algodón de ceiba, un pórtico para sentarse a escuchar el mar desde una mecedora de bejuco, una terraza para colgar un par de hamacas que compró en Tixkokob.

Todo iba viento en popa hasta que un día tuvo la desgracia de reunirse con el entonces presidente municipal. Aunque el propósito de la reunión era discutir un plan para embellecer el bello puerto y contribuir al desarrollo de una manera racional y sustentable, la conversación se topó con pared en el momento en que el presidente municipal le hizo una propuesta tan absurda como alarmante: venderle una calle del puerto a cambio de un generoso “moche”.

Mi amigo no sólo terminó la conversación inmediatamente, sino que salió como relámpago a marcarme para contarme lo que le había pasado. Entre enojado e incrédulo, me expresaba su hartazgo con los trámites burocráticos y la corrupción del gobierno. “¿Por qué hasta cuando quieres hacer algo por el bien del municipio te topas con estas trabas?”, me repetía una, dos y tres veces. Su anécdota me motivó a investigar la calidad de la regulación en Yucatán. Quizá la regulación excesiva o absurda era una fuente de corrupción en el gobierno.

Para mi sorpresa, considerando la experiencia de mi amigo en Sisal, Yucatán sobresale a nivel nacional por la buena calidad de su regulación administrativa. Según el Ranking estatal en mejora regulatoria 2013, elaborado por el Centro de Investigación para el Desarrollo, A.C. (CIDAC), Yucatán tiene la séptima mejor normatividad regulatoria de las 32 entidades en México. Por si fuera poco, además de contar con una amplia gama de instrumentos jurídicos en la materia (ley especializada, reglamento, convenio y manual), la mayor fortaleza de Yucatán se encuentra en el análisis del impacto de la regulación. Al menos en papel, Yucatán parece estar a la vanguardia en regulación administrativa.

No obstante, al profundizar en otras dimensiones del índice, me topé con que la principal “área de oportunidad” que enfrentamos en materia regulatoria son los trámites relacionados con el registro público de la propiedad, dimensión en la cual nos ubicamos como la tercera peor entidad a nivel nacional. Entre las prácticas que podrían mejorarse, dice el estudio, se encuentran establecer la posibilidad de realizar inscripciones en línea y reducir el lapso de tiempo necesario para efectuar una inscripción en el registro. Es decir, se ha hecho bastante pero todavía falta mucho por hacer.

Nunca sabré si el presidente municipal que tuvo el descaro de ofrecerle una calle a mi amigo lo hizo por ignorancia o codicia. Quizá no sabía que las calles no se venden. Quizá pensó que mi amigo vería su propuesta con buenos ojo$$$. Lo que sí sé es que el presidente municipal vio la oportunidad de “hacer un negocio” (por más absurdo que fuere) y que ese tipo de “oportunidades” son consecuencia, entre otras cosas, por la mala calidad de la regulación en el municipio. Sin duda apostó a que su poder e influencia le permitirían violar las normas del registro público de la propiedad con total impunidad. Si estas normas fuesen claras, transparentes y funcionales, vender una calle seguramente sería mucho más complicado.

Es importante reconocer que Yucatán va bien en regulación administrativa pero puede ir mejor. Por ello, los invito a que me cuenten qué trámite o qué solicitud de servicios les ha resultado engorroso, confuso y hasta frustrante. Cuándo se han topado con funcionarios corruptos. En www.alejandrolegorreta.com/site/encuestaencontrarán un muy breve cuestionario que diseñé para que me hagan llegar sus historias.

Prometo que les daré seguimiento y que en próximas entregas les contaré el resultado del ejercicio. Es más, si surgen ideas prácticas y aplicables, me comprometo a trabajar en equipo con ustedes para presentarlas ante la autoridad competente. Si por alguna razón se les dificulta llenar el cuestionario electrónico, no duden hacerme llegar sus historias a través de mi correo electrónico.

¿Y mi amigo? Construyendo su casita, ilusionado por sus planes, inspirado por la belleza de Sisal. Lo entiendo a la perfección. Así es nuestro querido Yucatán.

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En 140 caracteres: Si un alcalde ofrece vender una calle a un particular, es porque cree que ser alcalde lo convierte en dueño del municipio #Patrimonialismo

TRÁMITES ENGORROSOS EN YUCATÁN

Yucatán va bien en regulación administrativa pero puede ir mejor. Para ello, los invito a que me cuenten qué trámite o qué solicitud de servicios les ha resultado engorrosa, confusa y hasta frustrante. Cuándo se han topado con funcionarios corruptos y cuándo les han dado ganas de ahorcar al chico de la ventanilla.

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