Lección de paciencia

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Artículo escrito para el Instituto VIF por Alejandro Legorreta.
Publicado el miércoles 11 de junio de 2014 en el Periódico Reforma.

 

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Ralph Waldo Emerson

Transitar por Paseo de las Palmas en la Ciudad de México había sido por muchos años una rutina que no me resultaba especial. De hecho, el tráfico en esta vía ha empeorado de manera importante en los últimos años, a pesar (o a veces parece que debido a) las obras viales que han modificado completamente el entorno.

Recientemente, mi indiferencia cambió. Al estar esperando la luz verde del semáforo, observe y reflexioné sobre las majestuosas palmas que dan nombre y personalidad a esta avenida. Son árboles verdaderamente impresionantes. Se trata de Palmas Canarienses (Phoenix Canariensis) debido a que su origen está en las Islas Canarias, archipiélago que se encuentra cerca de África.

Las palmas canarienses pueden alcanzar, orgullosas, los 20 metros de altura. Pero esto no ocurre de la noche a la mañana. La planta crece entre 5 y 40 centímetros al año, así que llegar a su máxima altura le puede tomar más de 50 años. Me pregunté quiénes habrán plantado esas palmas. Seguramente, cinco o seis décadas atrás, cuando las colocaron en el camellón del amplio paseo, habrán sido unas simples varas. Pensé en todos los cuidados que necesitaron recibir: riego, cambio de tierra, protección contra las plagas.

Las palmas no son árboles que hayan sido plantados exitosamente en otras partes de la ciudad, por lo que su permanencia tantos años en esta avenida es notable. Por eso, reflexioné también en todas las virtudes que representa el que hayan logrado alcanzar su actual altura y esplendor, especialmente la virtud de la paciencia.

 Queremos que todo ocurra al instante, que nuestros esfuerzos se vean recompensados de inmediato, que los amigos respondan ya ese mensaje de Whatsapp. Queremos que nuestros colaboradores terminen ya lo que les encargamos o que nuestros jefes reconozcan de inmediato nuestra gran valía para la empresa, de preferencia con un aumento o un ascenso en este mismo mes. En fin, vivimos en una era de neurosis permanente en la que lo que no ocurre pronto parece no valer la pena.
Sin embargo, muchas de las cosas más relevantes de nuestras vidas -la familia, el amor, la amistad, el trabajo bien hecho, la ayuda a los demás- no se dan de la noche a la mañana. Son como esos árboles que necesitan años para crecer y alcanzar la madurez y belleza que llenan nuestra vista.

Es necesario hacer un alto en nuestras carreras y vivir con menos prisa, despojándonos de esa necesidad de que las cosas ocurran al ritmo de nuestra propia desesperación. El mundo se mueve cada vez más rápido y son muchas las cosas por hacer, pero parece que en ocasiones dejamos de valorar ese activo tan valioso y finito, el tiempo, dejamos de apreciar y disfrutar el presente.

La paciencia es una poderosa aliada que apuntala otras virtudes indispensables para la vida moderna: la gratitud, el optimismo y la esperanza, la resistencia ante la adversidad, la empatía por nuestros semejantes.

Pocos ejemplos hay tan claros de las recompensas que aguardan al que es paciente como el que nos da el mundo de las inversiones.
Por ejemplo, una inversión en 1994 en el IPC de la BMV hubiera arrojado una pérdida por el 25 por ciento del valor en 1995 -año de una grave crisis económica- y apenas una utilidad marginal del 9 por ciento en 1996; para el año 2000- la rentabilidad ya sería superior al 100 por ciento, sin embargo, al día de hoy el rendimiento aproximado sería de 1,400 por ciento. Son muchas las variables para que esto suceda pero, como inversionista, la paciencia es una de ellas. Se trata de una estrategia fácil de describir pero difícil de aplicar en un sistema donde las ganancias rápidas son el objetivo de muchos.

Hace un par de años, mientras admiraba un bello jardín en la Península de Yucatán, un gran amigo y maestro de la vida me mostró la enorme similitud que existe entre la vida misma y la elaboración y cuidado de un jardín. Él me decía: “date cuenta de que cuando se construye un jardín, muchas de las decisiones que tomamos sólo se verán reflejadas años después y varias de ellas no tendrán vuelta atrás, al igual que nuestras vidas, hay que planear, tomar acción, ser constante, vigilar y tener paciencia, mucha paciencia”. Estas palabras se me quedaron muy grabadas y sin duda son un ingrediente fundamental en las decisiones personales y de negocios que hoy realizo.

Cualquiera que sea la ruta que tomemos, habrá momentos de caos vial que nos dificulte avanzar y ver con claridad. Sin embargo, en toda ruta, por cotidiana y sencilla que parezca, existen espacios y momentos útiles, y con paciencia, quizás hasta logremos admirar unas bellas y majestuosas palmas.

El autor es empresario. Presidente de Sabino Capital, S.C.
Twitter: @a_legorreta Email: alegorreta@sabinocapital.com

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