La Nueva España

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Artículo escrito por Ignacio de la Torre para el Instituto VIF

  

La gente que invierte en mercados conoce el famoso lema de que “el mercado ha pronosticado diez de las últimas tres recesiones”.  Dicho lema no hace sino hacer referencia al comportamiento “en manada” de los inversores en determinados momentos.  Así, el prestigioso fondo monetario internacional, ya después de las diatribas sobre la quiebra de España y la ruptura del euro, emitió un pronóstico en Octubre de 2013 afirmando que la economía española crecería un 0,2% en 2014.  La realidad es que ha crecido siete veces más, un 1,4%, el triple del crecimiento que experimenta la zona euro.  Hoy en día, el 80% de la reducción de desempleo que está teniendo lugar en la zona euro ocurre en España.

El inversor “value” también aplica su intuición y sentido de los mercados eficientes, anticipándose a cambios de tendencias.  Cuando publiqué mi primer informe sobre España “The Case for Spain” en Octubre de 2012, era el momento para invertir en el país, debido al punto de inflexión que la economía estaba a punto de experimentar.  Un año después publiqué el segundo informe, augurando la recuperación inminente del consumo y la financiación en España, afirmaciones por entonces muy temerarias.  Afirmaba entonces que España crecería más que la zona euro, predicción que hacía entonces a una gran parte de mi audiencia dudar de mi estabilidad mental…  Con todo, España, que en muchas zonas de Europa y especialmente en Alemania era considerada como “el enfermo de Europa” ha pasado pronto a generar admiración por su crecimiento. Así, en Septiembre de 2014, Hans-Joachim Massenberg, directivo de la asociación de banca alemana,  afirmó que España podía convertirse en la locomotora de Europa.

¿Qué ha ocurrido para que se produzca un cambio de percepción y de realidad tan súbito?  El tercer informe sobre España intenta explicar en detalle dicha aceleración, analizando  los sofisticados circuitos de interconexión entre el mundo financiero y el económico, y cómo dichos circuitos, que pueden actuar muy dolorosamente a la baja en un país, también pueden espolear rápidamente a una economía al alza.

Concretamente, afirmamos que:

  • El sector constructor e inmobiliario español, muy relevantes a efectos del PIB, de empleo y de recaudación, están iniciando ya la senda de la recuperación, que será sostenida en el tiempo.
  • La vivienda española, cuyo precio se ha reducido  alrededor de un 40%,  no sólo dejará de caer, sino que subirá de precio antes de lo que se vaticina.
  • La financiación a la economía española ha pasado del “ni está ni se la espera” al “está y se acelera”.  En concreto analizamos las profundas razones que explican por qué el crédito bancario y el no bancario se aceleran, y cómo dicho entorno financiero incrementará el crecimiento de la economía y el valor de los activos.  Los recientes stress tests en los que la banca española ha salido muy reforzada son el mejor exponente.
  • Las exportaciones españolas, que representan ya más de un tercio del PIB (porcentaje superior al de los EE. UU., Italia, Reino Unido o Francia) seguirán durante un buen tiempo actuando como motor de la economía, y saneando la balanza de cuenta corriente.  El potencial que siguen presentando las exportaciones es enorme (por ejemplo España exporta más a Portugal que a toda Iberoamérica).
  • El empleo español va a seguir sorprendiendo al alza, vaticinando la reducción de desempleo a un ritmo superior a las 500.000 personas al año desde 2015.
  • El referido entorno de financiación creciente y creación de empleo van íntimamente ligados a la aceleración de inversiones y consumo, lo que provocará crecimientos del PIB superiores al 2,5% durante los próximos años, a la vanguardia de la zona euro. Además, el crecimiento económico español está sostenido sobre dos pilares, demanda externa e interna, y no ya sólo sobre demanda externa, lo que reduce su riesgo.
  • El crecimiento de España en 2015 podría situarse muy por encima de las estimaciones de Gobierno y consenso (2%) debido a varios factores que benefician mucho a España:  a) la caída del petróleo (que se sitúa ya en 50 dólares frente a los 103 presupuestados por el Gobierno),  b) la depreciación del euro (a niveles de 1,1 frente al dólar, vs. una estimación del Gobierno a 1,37),  c) el estímulo monetario del BCE (una expansión de su balance que podría ser equivalente a un 10% del PIB de la zona euro) y d) la política fiscal que por primera vez desde 2009 dejará de contraer el PIB.

A pesar de los elementos anteriores, el país presenta todavía enormes riesgos, riesgos profusamente descritos en el último capítulo, y entre los que destacan el enorme desempleo estructural (que minorará el crecimiento económico de largo plazo), una profunda crisis demográfica e institucional y un muy elevado nivel de deuda total (tres veces el PIB)  que no termina de bajar, y de la que una tercera parte es deuda externa.

Con todo, España en 2014 presenta un perfil de riesgo mucho más reducido que en 2007 debido a que: i) ha convertido su enorme déficit de cuenta corriente en un superávit, ii) ha realizado reformas estructurales que el país no había acometido en décadas, lo que sienta bases para un crecimiento más sostenible, y iii) ha reducido enormemente la dependencia del crédito; así, si en 2007 el saldo de crédito vivo aumentó en €80.000 mm. para permitir que el PIB creciera en €68.000 mm., en 2014,  a pesar de que el crédito vivo cae en €40.000 mm., el PIB crecerá en €13.000 mm. aproximadamente[1].  La economía española es mucho más sana y sostenible.

En nuestra opinión las oportunidades que presenta España son superiores a los riesgos descritos.  La clave, con todo, será si se aprovechan los años buenos para minimizar los riesgos latentes, o si, una vez más, los años buenos servirán para ignorar los riesgos, de forma que estos a medio plazo vuelvan a asestar duros golpes al país.



[1]  El PIB en 2007 creció un 3,5% y en 2014 subirá un 1,3%.

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