La gallina de los huevos de oro

Share Button

mujer

Artículo escrito por Alejandro Legorreta
Publicado en el Diario de Yucatán.

 

Déjeme contarle, querido lector, que uno de los empresarios más famosos, innovadores y ricos del mundo, Bill Gates, está sumamente interesado en las gallinas. Y no, esta historia no se trata de que el fundador de Microsoft sea fanático del pollo frito o de las peleas de gallos, sino que, literal, el empresario ha encontrado en este maravilloso animal una oportunidad para el emprendimiento social y el combate a la pobreza. “La gallina de los huevos de oro” ha adquirido una nueva connotación, y es más innovadora de lo que muchos se imaginan. Creo que un proyecto de este estilo, que emprende la Fundación Bill y Melinda Gates, puede ser de mucho interés para estados como Yucatán.

La historia de esta iniciativa comienza en Burkina Faso, bajo un proyecto llamado “Poulet Bicyclette”, que literal significa Gallina Bicicleta. Burkina Faso es un país ubicado en la franja del África Subsahariana, no tiene acceso al mar y su PIB per cápita ronda los 1,500 dólares (precios constantes del año 2005), de acuerdo al Banco Mundial. Para poner en perspectiva este dato, el PIB per cápita de México es de poco más de 16mil dólares, de acuerdo a la misma fuente.

La tierra en el país africano es árida, lo que complica la agricultura y por lo cual muchos habitantes deciden emigrar a Costa de Marfil. A pesar de todo, las gallinas en Burkina Faso se han convertido en una industria que va a la alza. Varios integrantes de Poulet Bicyclette logran vender hasta 300 gallinas a 5 dólares cada una, en total 1,500 dólares al año, lo que supera la línea de extrema pobreza de 700 dólares. Hoy en día, se calcula que la población del ave doméstica en el país africano es de 50 millones, casi tres veces más que la población total de humanos en el país.

El hecho es que una gallina puede hacer la diferencia entre una familia que apenas sobrevive a la pobreza y otra que prospera. La gran promoción que Bill Gates y su esposa han hecho es que las gallinas son una especie de “cajero automático” para personas de escasos recursos. Sirven como alimento diario por la producción del huevo, pero también tienen un valor de mercado muy consolidado, por lo que se venden con facilidad.

En Burkina Faso, la crianza de las gallinas es casi siempre un negocio que se le delega a las mujeres; los hombres generalmente se dedican al desarrollo de cultivos como algodón o la crianza de animales domésticos más grandes, como las vacas o los cerdos. Esto, sin embargo, es una fortaleza para la iniciativa. De acuerdo a la misma Melinda Gates, cuando una mujer controla el ingreso del hogar, sus hijos aumentan en 20% la probabilidad de pasar de los cinco años de edad. Este dato es consistente con una larga literatura de combate a la pobreza.

Las gallinas pueden ser un buen negocio para las familias de escasos recursos, al mismo tiempo que el huevo es una extraordinaria fuente de proteína. Por último, aunque no menos importante, la crianza de gallinas le da a las mujeres un sentido dignificante y de empoderamiento que no podrían obtener al depender totalmente de su contraparte masculina.

A estas alturas, querido lector, se estará preguntando por qué me entusiasmo tanto con un proyecto económico que se encuentra del otro lado del mundo, en uno de los países más pobres que hay. Ciertamente no hablo de un negocio que vaya a traer miles de millones de dólares de inversión a nuestras tierras yucatecas, de esos hemos hablado en columnas anteriores y lo seguiremos haciendo. En este caso, me refiero a un proyecto que puede servir para romper directamente con los ciclos intergeneracionales de pobreza.

De acuerdo al Coneval, para 2014 en Yucatán había casi un millón de pobres (958mil), de los cuales 383mil viven con carencia por acceso a la alimentación y 223mil son pobres extremos. De hecho, nuestra proporción de pobreza extrema (10.7% de la población) es más alta que a nivel nacional (9.5%). Si logramos hacer que un alto porcentaje de esos yucatecos salgan de su situación de pobreza y comiencen a hacer que sus hijos se alimenten y vayan a la escuela, en un par de generaciones podríamos ver un cambio sustancial en nuestro estado.

De hecho, en la Fundación Legorreta Hernández llevamos un par de años con un proyecto parecido de Granjas Ecológicas, un emprendimiento social que nos ha permitido comprender los retos de estas acciones y las necesidades de los beneficiarios, pero que sobre todo nos ha permitido apoyar a muchas maravillosas familias. Las granjas están instaladas en hogares de las comunidades de Dzutoh, Kimbilá y Ek Balam. Una parte de las familias se dedican a la producción de huevo ecológico, a través de granjas integrales de bajo impacto ambiental. El consumo del huevo les provee la proteína que en muchos casos no estaría a su disposición, al mismo tiempo que la venta de este producto llega a representar un ingreso adicional de hasta 200% para cada familia.

Este tipo de proyectos requieren de mucha capacitación para los beneficiarios, un estrecho seguimiento del proyecto, orden, transparencia y medición de resultados. Porque ojo, no se trata de salir a regalar gallinas por las comunidades, eso puede ser atractivo y tentador para quienes busquen aplausos (y votos) a corto plazo, pero la realidad es que acciones irresponsables de ese tipo sólo suman a los círculos viciosos del paternalismo y el clientelismo, dinámicas que tanto daño han hecho a nuestro país.

Quizá pudiéramos pensar en un proyecto más ambicioso para todo Yucatán y extrapolarlo a un número más grande de familias. Un programa que genere riqueza y empoderamiento para las mujeres y las familias más necesitadas, al mismo tiempo que los niños y los jóvenes cuenten con proteína de alta calidad para su desarrollo. Así, la gallina de los huevos de oro se podría convertir en un proyecto de inversión social a más largo plazo, para todo el estado. Y conste que no lo digo yo, lo dice el filántropo más importante del mundo.

**

En menos de 140 caracteres: De acuerdo a la Asociación de Avicultores de Yucatán, nuestro estado produce 2 millones de pollos a la semana… De que hay mercado, lo hay.

Share Button