Encontrando Oportunidades de Inversión

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Artículo escrito para el Instituto VIF por Diego Ramos González de Castilla 
Presidente del Consejo, Corporativo GBM

 

El mundo siempre se mueve en ciclos.  Esto es evidente en la naturaleza, en la historia de la humanidad  y, por supuesto, en la economía.  En el ámbito de las inversiones estos ciclos cobran aún mayor relevancia ya que son determinantes en los rendimientos que obtienen los inversionistas a lo largo del tiempo.

Los ciclos en los mercados por lo general no sólo están ligados al desempeño de la economía, sino que además sus movimientos son amplificados por el sentimiento de los inversionistas, quienes en muchas ocasiones se dejan llevar por sus emociones en lugar de actuar de manera racional, como asumen los modelos de mercados eficientes.  En los extremos de los ciclos de los mercados es precisamente cuando estas emociones están más marcadas.

En los puntos más altos del ciclo el mercado ha pasado ya por un largo periodo alcista en el que ha sido fácil ganar dinero para la mayoría de los participantes.  Quizá en un inicio varios de ellos estaban más cautelosos, sin embargo al ver que el mercado sube y que están dejando ir ganancias potenciales, poco a poco comienzan a invertir.  Conforme el ciclo avanza las cosas van bien, las expectativas son buenas, la percepción de riesgo es baja y los inversionistas se sienten seguros de que la tendencia continuará.  Esto lleva a que estén dispuestos a pagar mayores valuaciones por activos que anteriormente valuaban a niveles más bajos, alimentando el ciclo alcista.  Además, este sentimiento de optimismo y bajo riesgo termina por influir en el propio desempeño de la economía ya que hay capital disponible para inversión, las condiciones de crédito comienzan a volverse más laxas y aumenta la disposición al gasto en empresas y hogares generando así empleos e impulsando el consumo, entre otros factores, lo que detona un ciclo de retroalimentación entre el desempeño del mercado y el de la economía.

Al irse acercando la cima del ciclo se vive un momento de euforia y en estos momentos puede ser difícil mantener la disciplina de quedarse al margen, sin embargo aquí es cuando es más importante ser cauteloso, ya que las correcciones vienen en el momento que menos se espera, y por lo general son imposibles de pronosticar.

Cuando comienza el ciclo a la baja éste muchas veces toma a los inversionistas por sorpresa (como ejemplo de esto podemos tomar la reciente corrección en el precio del petróleo, de manera tan repentina que nadie lo hubiera previsto tan sólo unos días antes).  Si el ajuste continúa, llega el miedo y los inversionistas comienzan a vender sus activos indiscriminadamente para tratar de controlar sus pérdidas.  Así como en el caso del ciclo alcista, aquí también empieza a darse un ciclo de retroalimentación pero ahora en sentido negativo, en el que las peores condiciones de la economía afectan el desempeño del mercado y el sentimiento de los inversionistas, lo que restringe las condiciones financieras afectando aún más a la economía, y así sucesivamente.

En estos momentos puede ser difícil invertir ya que por lo general hay malas expectativas o poca visibilidad, además de que no es fácil ir en contra de la corriente y comprar cuando todo el mundo vende.  Sin embargo, es precisamente éste el momento donde un inversionista de largo plazo debe de enfocar todos sus esfuerzos, ya que en estos momentos es cuando es posible comprar buenos activos a precios atractivos.  No es por nada que el poder invertir durante las crisis es una de las mejores oportunidades que un inversionista se puede encontrar, y cuando se pueden lograr los mayores retornos a largo plazo.  Para esto es necesario tener paciencia, guardando liquidez en lugar de invertir cuando el resto del mercado lo hace con entusiasmo.

Es justamente en las crisis cuando podemos encontrar empresas de la más alta calidad—aquellas que operan negocios con altas barreras de entrada, ventajas competitivas claras, alta rentabilidad y generación de flujo, potencial de crecimiento y escalabilidad, entre otras características—cotizando a valuaciones atractivas.  Curiosamente es también en estos momentos cuando la percepción de riesgo es la más alta—inversionistas que en la parte alta del ciclo estaban dispuestos a invertir en activos a un precio mucho más alto que al que cotizan en una crisis, no desean adquirir esos mismos activos a grandes descuentos en momentos de turbulencia en los mercados.  Para un inversionista de largo plazo, que al comprar una acción está consciente que está invirtiendo en una empresa y no sólo en un título con un precio, esta percepción de riesgo no debe hacer sentido.

Es evidente que no siempre es sencillo actuar de manera correcta en los extremos de los mercados, e incluso más difícil puede ser el determinar de manera precisa en qué parte del ciclo estamos parados o cuándo vendrá el punto de inflexión.  Sin embargo, el mantener una disciplina que nos ayude a evitar participar en los momentos de extremo optimismo cuando todos lo hacen, y por otro lado nos de la convicción de invertir en los momentos de pánico cuando nadie está dispuesto a hacerlo, sin duda será una herramienta que contribuya a generar valor en el largo plazo.

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