Condecorar a un dictador

Share Button

coronelgde

Artículo escrito por Alejandro Legorreta
Publicado en el Diario de Yucatán el 17 de noviembre de 2015.

 

Este 2015 se cumplieron 132 años desde que se compuso un hito dentro de la música cubana, que cambiaría la historia musical de la isla, de Yucatán y de todo México. En 1883, El maestro Pepe Sánchez preparó el que sería “el primer bolero de la historia”, según muchos historiadores: Tristezas. Su cadencia y lento compás marcaron tendencia en su tiempo y fueron los que comenzaron un movimiento musical que más tarde llegaría a nuestro querido Yucatán y se transformaría en una parte importante de la trova yucateca, el bolero.

Es tal vez este romanticismo del Caribe que resuena entre nuestro querido Yucatán y la hermosa isla de Cuba, lo que más hace identificarnos como pueblos. Ambos territorios se conectan por el hermoso Mar Caribe, fuente interminable de inspiración. Por ello, es digno de celebración que México inicie una nueva etapa de relación internacional con Cuba, acto que sin duda repercutirá en la hermandad que tiene Yucatán con la isla caribeña.

Sin embargo, de la misma forma que celebramos nuestras raíces, vale la pena contemplar la época que vivimos y los retos que enfrentamos en la actualidad. El mundo ya no es lo que era en el siglo XX. Hoy por hoy, conocemos el lado perverso de los regímenes autoritarios, particularmente en el ejercicio de los Derechos Humanos de sus ciudadanos. También sabemos que, aunque no es un régimen perfecto, la democracia es la mejor de las alternativas para mejorar las condiciones de vida. Vaya, incluso en el ámbito financiero se conocen los riesgos de invertir en un país donde practicamente no existe la division de poderes, la corrupción está por los cielos y el riesgo de expropiación es elevadísimo.

Por otro lado, no es necesario tener un conocimiento muy profundo en ciencias sociales para percatarse de la calidad humana de ciertos dirigentes. Estoy seguro que si le comentara a algún paisano mío que el actual presidente de la República mandó a fusilar a 72 hombres en un solo día, tendría severas dudas de su autoridad moral como dirigente del país. Más aún si se enterara que el mismo, mientras fungía como burócrata de alto mando, invitó a un amigo suyo y héroe nacional a servir como General de las Fuerzas Armadas para después culparlo y condenarlo a fusilamiento por delitos que nunca quedaron del todo claros, ¿O, qué diría ese paisano si le contara que existe la posibilidad de que el presidente herede el puesto de mandatario a su hijo, cual monarquía europea del siglo XII?

Estoy seguro que a esta altura muchos de ustedes, queridos lectores, ya habrán averiguado que aludo a la figura de Raúl Castro, que recientemente pisó tierras yucatecas para firmar algunos convenios. A la par de estas historias, hay muchas otras que conjugan la leyenda urbana de cualquier dictador. Ante la ausencia de contrapesos judiciales, ni Raúl ni Fidel Castro tendrán que enfrentar la justicia, por lo que no sabremos a ciencia cierta la totalidad de historias que rodean sus figuras.

No cuestiono la necesidad de tener una política internacional cordial y dinámica con nuestros vecinos del Caribe, la celebro. Es más, deseo que este sea el inicio de una más grande y fructífera amistad entre los dos pueblos caribeños, sobre todo en beneficio de los más de 11 millones de cubanos, para que recuperen su libertad. Lo que resulta más difícil de aceptar es el hecho de que el gobierno yucateco condecore al mandatario cubano con el premio “General Salvador Alvarado”; premio que, por cierto, no existía hace apenas unos días.

¿Qué ganamos con condecorar a un dictador? México es un país líder en el mundo, con un enorme peso en América Latina y una economia que cada vez toma mayor relevancia en los mercados internacionales. Somos un pais que le apuesta a la globalización, competencia y al comercio. No es causalidad que seamos el país que tenga el mayor numero de tratados de libre comercio en el mundo. Con muchos aspectos por mejorar, pero llevamos 18 años de vida democrática muy activa y tenemos una ciudadanía con libertades políticas y económicas.

¿Qué dice de nosotros el que condecoremos a un dictador? Quizá, que su gobierno tiene cualidades admirables; tal vez la manera en que ha retenido a sus propios habitantes para que no puedan salir de la isla; o cómo unos cuantos burócratas viven como reyes mientras el resto de la población vive con 23 dólares al mes; o la prohibición a la propiedad privada. Quizá debamos de aspirar a ser más como Cuba, habría que deshacer un par de tratados comerciales, expropiar la mayor parte de las empresas del país, prohibir el lucro entre los ciudadanos y evitar que los mismos salgan. Todas ellas condiciones admirables. ¿Qué no?

Ya en serio, habría que hacer una revisión de las forma cómo establecemos relaciones diplomáticas con los países que tienen a un dictador por mandatario. El mundo avanza hacia el paradigma democrático del respeto a los Derechos Humanos, la competencia y la innovación. México debería de ser parte de quienes enarbolan estas causas. Ello no significa que nos inmiscuyamos dentro de la política doméstica de Cuba; en lo absoluto, sólo que, cuando menos, no aplaudamos a los autócratas.

Sin duda, la visita de Castro puede ser vista desde dos perspectiva. La primera, como una buena noticia, por la disposición que ahora tiene el gobierno cubano a mejorar la situación económica de su gente con respecto al resto del mundo. La segunda, como un acto cuestionable por parte de nuestros gobiernos, pues están dispuestos a condecorar a alguien quien claramente no merece condecoración. Resuenan así, de forma agridulce en el mar caribeño que une a nuestras dos tierras, la marimba y el piano de El maestro Pepe Sánchez, tocan con melancolía sin saber si traen consigo alegría o tristeza. Quizá un poco de las dos.

***

En 140 caracteres: En la misma visita del 6 de noviembre, Castro reiteró su intención de retiro para 2018. Ojalá sea pronto, por Cuba y por

Share Button