Combatir la corrupción en paraísos fiscales

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Artículo escrito por Alejandro Legorreta 
Publicado en Reforma Negocios el 12 de abril de 2016

 

Hace nueve días se dio la filtración informática más grande de la historia. Los Papeles de Panamá, como se le conoce a esta filtración, han involucrado a docenas de políticos y empresarios a lo largo del mundo, dejando claro que estamos ante otro reto global para combatir la corrupción. Y aunque por origen y principio los paraísos fiscales pueden tener motivos tan sensatos como legales, lo cierto es que se han convertido en espacios atractivos para los corruptos que buscan evadir impuestos y esconder su dinero del gobierno y del público en general. Ante estos problemas, la mejor medida que el gobierno y los ciudadanos podemos tomar es transparentar y eficientar procesos que, de raíz, prevendrían sustancialmente actos de corrupción. Veamos.

Los paraísos fiscales no son ninguna invención reciente. Estos espacios fueron diseñados a principios del siglo pasado para diferentes fines, los más representativos fueron para proteger la propiedad privada de ciudadanos extranjeros que temían de abusos de poder y de gobiernos inestables en sus países de origen. Asimismo, han servido como herramienta de política económica para atraer inversiones y generar crecimiento en muchos países (Panamá y algunas islas del Caribe son buenos ejemplos en este sentido).

Hoy por hoy, las compañías offshore se han vuelto parte de la estructura económica mundial y ya no son excepciones a la regla. Es bien sabido y documentado que el país con mayor cantidad de empresas offshore en el mundo es nada más y nada menos que Estados Unidos. Así también, en el año 2012 el The Tax Justice Network calculó que la cantidad de dinero invertido a través de las empresas offshore en el mundo podría ser entre 21 y 32 trillones de dólares, la estimación más baja equivale a la suma del PIB de Estados Unidos y Japón.

¿Cuáles de estos activos son de procedencia lícita y cuáles no? Difícil saberlo, porque en muchos casos los requerimientos para depositar capital en otro país son mínimos y sumamente laxos. Por más que el objetivo original de las empresas offshore haya sido la protección del capital privado, no sorprende que estos paraísos fiscales recientemente hayan servido como tierra fértil para actos de corrupción a nivel global.

¿Cómo combatir estos problemas sin caer en la ilusa idea de sobre regular o prohibir los paraísos fiscales? Propongo tres propuestas concretas, que están relacionadas con mayores niveles de transparencia en la forma que se usan nuestros impuestos.

Primero, establecer sistemas tributarios más sencillos. La experiencia internacional nos ha enseñado que la evasión de impuestos es más común en países donde el sistema fiscal es más complicado. De acuerdo con el Doing Business 2016, en México la complejidad de pagar impuestos depende principalmente de las horas que tienen que dedicarse para pagarlos, 286 horas, mientras que el promedio de la OCDE es de 177 horas.

Segundo, eficientar y transparentar el gasto público. Durante el año pasado y el actual, hemos tenido varios ajustes presupuestarios en aras de supuestamente eficientar el gasto público ante la crisis energética que vive el mundo. Sin embargo, gran parte de estos recortes se han ido en disminuir el gasto de inversión en vez del gasto corriente, lo cual disminuye nuestras posibilidades de crecimiento económico y alimenta la burocracia del país.

Tercero, ampliar la base gravable de contribuyentes en México. Seguramente el lector ha de estar familiarizado con esta propuesta; el hecho es que alrededor del 60% de la PEA continúa siendo parte del sector informal. Si unos pocos contribuyentes pagan impuestos y la gran mayoría no lo hace, tal injusticia se convierte en disuasiva para buena parte de los contribuyentes que pueden encontrar formas de evadir sus respectivos impuestos. Hay que invertir esa balanza.

Para mitigar la corrupción y evitar que esquemas legales sean usados de forma indebida urge que encontremos la forma de alinear los intereses de Hacienda, que busca recaudar más, con los de los contribuyentes, que quieren que se gaste bien.

Evidentemente aplicar todo el peso de la ley para quien se descubra como evasor de impuestos será pieza fundamental de este ejercicio. Así, podremos también diferenciar a los empresarios que realizan transacciones legales a través de offshores de los bisneros que quieren esconder su dinero mal habido. Que los corruptos se vayan a donde les corresponde, a la cárcel.

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