Capitalismo Bisnero

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Artículo escrito por Alejandro Legorreta
Publicado en Reforma Negocios el 24 de mayo de 2016.

“No hay tal cosa como males necesarios en el gobierno. Los males existen solo en sus abusos. Si se le limitara [al gobierno] a una protección equitativa, y, tal como el Cielo cuando llueve, regara sus favores tanto en lo alto como en lo bajo, tanto en los ricos como en los pobres, sería una bendición sin condiciones.”  Andrew Jackson (1767-1845), séptimo presidente de los Estados Unidos.

A mediados de los años noventa el concepto “Capitalismo clientelar” (Crony Capitalism en inglés) empezó a usarse en círculos académicos para explicar los problemas de corrupción y el crecimiento económico errático que se registraba en varios países del mundo. Para muchos economistas, era un dilema explicar por qué países con altos niveles de corrupción como Corea del Sur habían podido crecer tanto, mientras que otros como Filipinas tenían dificultades para crecer a pesar de tener niveles de corrupción similares.

De acuerdo con David C. Kang, de la Universidad de Darthmouth, la explicación se encuentra en la distribución de la riqueza económica y del poder  político. Por un lado, la riqueza económica puede estar muy concentrada en pocas manos o muy dispersa en muchas. Lo mismo con el poder político, que puede estar controlado por pocos o muchos actores. Dependiendo de la combinación de estas condiciones, el tipo de corrupción del régimen cambia.

Mi intención en esta columna no es resumir el argumento de Kang, aunque sin duda su libro de Crony Capitalism de 2002 es muy recomendable. Más bien me interesa explicar las condiciones en las que surge el capitalismo clientelar, que, por cierto, me parece más preciso llamar “capitalismo bisnero”. Para decirlo en pocas palabras, cuando hay una transición a la democracia y el poder político está fracturado pero el poder económico-empresarial está en pocas manos, el gobierno se convierte en presa fácil de intereses privados que usan las facultades del gobierno para hacerse de mucho dinero.

Así pasó en Rusia, donde en el periodo entre la transición y el ascenso de Vladimir Putin en 1999, el poder del Estado se pulverizó en muchas manos y un pequeño grupo de oportunistas cercanos al gobierno concentró gran poder económico. El resultado: grupos políticos que requirieron cada vez más dinero para sus campañas y para retener el poder, lo que a la vez devino en exigencias de favores políticos y económicos por parte de los oportunistas que “donaban” el dinero.

¿Les suena conocida la historia? En efecto, pareciera que es muy similar a la historia que hemos vivido en México durante las últimas décadas. El relato es sencillo: primer paso, un político quiere ganar una elección popular; segundo paso, se da cuenta que el dinero que recibe de parte del financiamiento público para ganar la elección es insuficiente, puesto que los demás candidatos recibirán financiamiento ilícito; tercer paso, se acerca a o se le acercan uno o varios oportunistas que le ofrecen dinero para financiar su elección a cambio de jugosos contratos con el gobierno; cuarto paso, el político gana y reparte esos jugosos contratos a sus ahora compadres bisneros.

Hoy en día no son pocos los escándalos que involucran a personajes que de la noche a la mañana se han hecho ricos por hacer bisnes (porque esos no son negocios, ojo) con el gobierno. El más reciente es el que involucra a un personaje conocido como #LordRollsRoyce, pero con anterioridad ha habido otros como los escándalos de Grupo Higa o los de Oceanografía.

El hecho es que este tipo de asociaciones supera por mucho la ideología de un partido. Todos los partidos que buscan ser competitivos en elecciones tienen que entrar a este juego en mayor o menor medida. Y por más que se elaboren leyes electorales para sancionar el financiamiento ilícito de campañas, siempre se encuentran formas de darle la vuelta a la ley.

Resolver el problema del capitalismo bisnero, cuyo motor es el financiamiento ilegal de campañas, es quizá el más grande reto de nuestra joven democracia. Claro, no es tarea sencilla, pero, de resolver este problema, no me queda la menor duda de que estaríamos cerrándole la llave a una importante fuente de corrupción, pobreza, inseguridad y desigualdad en nuestro país. Así quizá, como decía Andrew Jackson, el “favor” del gobierno podría caer como una bendición sin condiciones.

En la próxima columna les presentaré al personaje estelar dentro de esta dramática historia: el bisnero.

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