Al calor de la política

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Artículo escrito por Alejandro Legorreta
Publicado en el Diario de Yucatán el 3 de noviembre de 2015.

 

Eran las nueve de la noche y el calor del verano yucateco no cedía. Aunque teníamos todas las ventanas abiertas y los dos ventiladores marchando a máxima potencia, una ligera capa de sudor cubría la cara y los brazos de todos los presentes. Para ese entonces, estábamos resignados a terminar totalmente empapados, pero permanecíamos atentos –paralizados— por lo interesante de la conversación. No era para menos: discutíamos diferentes estrategias para reducir la pobreza en el estado a pocos días de haber salido a votar para renovar los 106 ayuntamientos, las 25 diputaciones locales y las cinco diputaciones federales de Yucatán. Ni la centena de mosquitos que atacaban nuestras piernas podrían detenernos.

Desde hace algunos años voto en Yucatán, para ser preciso, en la sección electoral 186 correspondiente al municipio de Hunucmá. Si se dan una vuelta por allí unos días antes de la siguiente elección, seguramente me encontrarán platicando con algún hunucmense sobre los principales problemas de la región: la basura, la falta de transporte, el alcoholismo, el desempleo y, por supuesto, la pobreza. Problemas recurrentes y arraigados en todo Yucatán, que si bien no son tan profundos como en otros estados, sí tienen un impacto significativo y palpable en la calidad de vida de miles de yucatecos.

Según la medición más reciente del CONEVAL, 46 por ciento de los yucatecos viven en pobreza y 11 por ciento en pobreza extrema, colocándonos en la posición 15 de 32 entidades en México. Aunque en principio los datos pueden parecer poco alarmantes, la realidad es que seguimos lejos de un nivel de bienestar digno para la mayoría de los yucatecos. Esto resulta más evidente al contrastar Mérida con el resto de los municipios.

Mientras 29 por ciento de la población meridana vive en pobreza, en municipios como Valladolid, Tizimín, Kanasín y Umán la cifra supera el 50 por ciento. De hecho, al recalcular el porcentaje de yucatecos que viven en pobreza excluyendo a Mérida, la cifra alcanza (ahora sí) un alarmante 65 por ciento. Sin duda la riqueza de Mérida abona al bienestar del estado pero tambien disimula el hecho de que la pobreza en Yucatán es mucho más grave de lo que parece.

Regreso a Hunucmá. Lo que discutíamos aquella noche calurosa de junio eran las acciones que el gobierno está realizando para reducir la pobreza. En concreto, discutíamos la eficacia de los programas sociales del gobierno federal, del gobierno estatal y de los 106 gobiernos municipales. Nos preguntábamos si las becas, las despensas, los botes de pintura, los sacos de cemento, y el dinero en efectivo están sirviendo de algo para mejorar la situación de las familias yucatecas.

El gobernador Rolando Zapata Bello dice que sí. Pocos días después de que el CONEVAL publicara los datos de su medición más reciente, en un evento celebrado en el Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI, atribuyó la reducción de tres puntos porcentuales en la población del estado en situación de pobreza a las políticas públicas impulsadas por los tres niveles de gobierno. En un tono similar y por las mismas fechas, el presidente Enrique Peña Nieto explicó que si bien reducir la pobreza sigue siendo un pendiente histórico, la política social de su gobierno ha servido para contenerla.

Aunque algunos datos respaldan los dichos de Zapata, Peña y varios alcaldes, la realidad que me he topado en los municipios del interior y en las colonias del sur de Mérida, me deja con más preguntas que respuestas. Basta darse una vuelta por Kanasín, Tizimín, Tzucacab o las colonias aledañas al Estadio Kukulkán para escuchar a docenas de personas quejándose de que el gobierno no reparte los apoyos a quienes más los necesitan, de que no son suficientes y de que sólo llegan a manos de la gente cercana al partido en el gobierno. No parece un problema exclusivo de algún partido o municipio. Parece una situación generalizada que trasciende colores y municipios.

Es importante resaltar que muchos programas sociales han sido útiles. Sin embargo, no conozco ninguno lo suficientemente poderoso y sustentable como para servir de palanca para generar crecimiento economico inclusivo e integral, aquél que crea empleos y reduce la informalidad.

Hace unos días discutí esta situación con un amigo que sabe mucho del tema. En concreto, le pregunté por qué creía que los 930 mil millones de pesos que se están destinando anualmente al desarrollo social de México (23 mil millones en Yucatán) no se están traduciendo en mejorías tangibles en la calidad de vida de los mexicanos. Su respuesta me recordó lo que desde hace años vengo escuchando en voz de docenas de yucatecos: “El problema con el gasto social en México es que se reparte con una lógica electoral y suele canalizarse a través de redes clientelares controladas por los partidos”. “¿Al calor de la política?”, le pregunté. “Sí, al calor de la política”. No lo pude evitar. Me acordé del verano en Yucatán.

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En 140 caracteres: La población vulnerable no vende su voto, lo utiliza como póliza de seguro contra la posibilidad de perder beneficios sociales.

alegorreta@sabinocapital.com

Empresario

 

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